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| CONQUISTA
DE MARTE |
El
presidente estadounidense George W. Bush ha lanzado el inicio de la
campaña para su reelección volviendo la mirada hacia
las estrellas, hacia los mundos que son distintos de éste.
Inesperadamente, ha emulado a un mítico antecesor suyo, el
demócrata Kennedy, cuando en los años 60 prometió
la Luna (el 25 de mayo de 1961 concretamente, fecha en que anunciaba
al país el proyecto Apolo y su firme determinación de
que no acabara aquella década sin que el hombre hubiese llegado
a nuestro satélite). El republicano ha ofrecido Marte -que,
casualmente, era el Dios de la Guerra-. En apenas cuatro lustros cree
posible poner americanos en el lejano astro de llanuras rojizas y
existencia acuífera recien descubierta.
La promesa se antoja, cuando menos, aventurada.
Con los conocimientos físicos y la tecnología disponibles
hasta el momento, un viaje así debería salvar serios
problemas. El primero: la cuestión del tiempo. El trayecto
duraría aproximadamente un año y medio (son 56 millones
de kilómetros), a lo que habría que sumar otro tanto
para la vuelta.
Pero, con ser esto mucho, el cómputo no concluye ahí.
Porque el regreso al hogar no podría elegirse en cualquier
instante. La tripulación debería aguardar a la siguiente
posición orbital de mínima lejanía (1/7 parte
de la separación máxima) entre Marte y la Tierra, el
intervalo en que los dos planetas están más cerca entre
sí durante sus respectivas traslaciones elípticas. Es
decir, un año.
Con lo que hablaríamos de un total de cuatro desde que los
dudosos privilegiados se despidiesen de sus familias y del mundo,
tal como lo conocen, hasta que volviesen a reencontrarlos.
Si el impacto emocional de tal planteamiento resulta pavoroso, más
lo es aún añadir los deterioros físicos que se
producirían en tan prolongado encierro. La ingravidez, destructivamente
asociada a la práctica inactividad propia del pequeño
habitáculo de una nave, provocaría severas pérdidas
de masa ósea y muscular (se ha comprobado que el corazón
llega a reducirse un 10% durante estancias prolongadas en esas condiciones)
con consecuencias aún no del todo evaluables. Por no mencionar
que, aunque se supone la ausencia de vida en el espacio, los microorganismos
que portan en su cuerpo los astronautas pueden mutar hacia formas
desconocidas debido a la variación del medio (recordemos que
en la desaparecida estación rusa MIR, habían proliferado
colonias de ciertas clases de hongos).
Una misión de rescate frente a cualquier contingencia inesperada,
aún estando preparada de antemano con un cohete construido
en paralelo al que se lanzase y su correspondiente personal en alerta
continua para partir, tardaría meses en llegar. Con lo que
las probabilidades de éxito de un salvamento serían
casi nulas y el equipo debe considerarse abandonado a su suerte nada
más cruzar la estratosfera.
Otro problema sería la larga exposición a la radiación
que soportarían los pioneros. Pese a lo que pueda parecer,
el cosmos está surcado de partículas en suspensión
que poseen radiactividad. De la que estamos a salvo en la Tierra por
una especie de cinturón magnético circundante a modo
de escudo. En el exterior no hay protección, excepto la que
los ingenieros del proyecto, como reto añadido, diseñaran
artificialmente. |

Atardecer marciano. El día allí tiene una duración
similar
a la terrestre: 24 h 37' 23" |
Pero existen, además,
otros obstáculos fácilmente imaginables y de diferente
naturaleza. El equilibrio psíquico, por ejemplo.
¿Hacia qué abismos psicológicos puede llegar
a precipitarse una mente humana durante tamaño periodo de aislamiento
y soledad en el silencio sideral? |
Una
solución posible a esto sería la hibernación,
la reducción de las constantes vitales a un nivel tal que indujera
la pérdida de consciencia y minimizara las necesidades biológicas
(respiración, nutrición, etc.) casi a cero. Algunas
especies animales, principalmente de sangre fría (como peces
y anfibios) han desarrollado tácticas
evolutivas así, capaces de asegurarles la pervivencia en circunstancias
climáticas extremas, hasta la feliz llegada de épocas
mejores en que "despertar". Se habla de ranas congeladas
dentro de rocas o entre capas geológicas que han recobrado
vida bajo la cálida observación de algunos canteros
(una imperceptible grieta parecía suministrarles aire y humedad
en cantidades escasas, aunque suficientes).
Una estrategia como esa conjuraría el peligro de caer en la
locura durante el viaje y economizaría ingentes cantidades
de provisiones alimentarias e higiénicas de la expedición.
Kilos y kilos de material ocupando un sitio precioso y transportados
a costa de miles de litros de caro combustible.
Pero la hibernación en humanos, que sepamos a nivel oficial,
aún no se ha conseguido. Y por ahora sólo nutre argumentos
cinematográficos fantasiosamente improbables.
El destino tampoco arroja expectativas más halagüeñas.
Un año mínimo de permanencia en un paisaje pedregoso
y rojizo por la oxidación de los componentes del suelo, con
atmósfera irrespirable y temperaturas que bajan hasta los 70º
C bajo cero. Por no mencionar violentas tormentas de arena y la acción
directa de los nocivos rayos ultravioletas sobre la superficie a falta
de una capa de ozono que los filtre.
Hay que tener ganas para ir. |

Fotografía propiedad
de la NASA enviada por la Spirit en enero de 2004, con una definición
de imagen nunca antes
conseguida que sorprendió a los propios técnicos del
lanzamiento. http://www.nasa.gov |
a Ciencia
actual es parca en soluciones a todos estos inconvenientes. Y la Física
no ha hallado aún combinaciones matemáticas entre Espacio
y Tiempo que desvelen atajos interplanetarios o ventanas dimensionales
en el universo. Por otra parte, la velocidad aerospacial actual dista
mucho de la mítica marca ostentada por la luz (300.000 km/segundo,
cota inalcanzable y desintegradora, segun nuestros cálculos),
puesto que utilizamos aún propulsión mecánica,
mediante ignición de hidrógeno y oxígeno concretamente
(licuados dentro de tanques a bajísimas temperaturas, para
ocupar menos sitio y favorecer la exactitud de la medición
de partes a inyectar en la combustión). Y están por
descubrirse más eficaces sistemas, como podrían ser
los basados en el magnetismo o en las propiedades atómicas
de la materia. Hasta que tales avances no se alcancen, continuamos
a tanta distancia técnica como la existente entre una canoa
y el Concorde a la hora de una travesía oceánica.
No obstante, los pronósticos más optimistas cifran en
diez los años necesarios par tener a punto la partida. La Mars
Society (ir
la la link), una agrupación
de entusiastas en lucha por esta idea desde hace mucho, cree que es
sólo cuestión de dinero. Justo el que no quieren dar
los gobiernos y la empresa privada en cantidad suficiente.
Sea como fuere, la primera visita al planeta rojo parece remota. Y
más aún su colonización mediante bases permanentes.
¿Con qué objetivos habría de habitarse un lugar
tan inhóspito en apariencia?¿Para explotación
minera quizás? Se hace difícil imaginar un sólo
elemento que, por escasa presencia que tenga en la Tierra, justificase
los elevadísimos gastos de extracción y traslado hasta
aquí.
Nuestro mundo tiene mucho que aprender todavía antes de que
podamos conquistar otros. |
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