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Esta imagen, es ampliamente
esgrimida por los antiabortistas de
todo el mundo e, incluso, ha sido adoptada como distintivo por la
oganización Provida de Irlanda. Samuel, un feto de 21 semanas,
parece sacar la mano para asir el dedo del cirujano Joseph Bruner,
que está operando su espina bífida dentro del útero
materno durante una peligrosísima intervención en la
Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennessee), el 19 de agosto
de 1999. Lo que ha sido presentado por muchos como una expresión
de gratitud hacia el salvador, un tierno canto a la vida agitador
de conciencias, sólo muestra en realidad el momento en que
el bracito se sale accidentalmente por la abertura de la incisión,
y es empujado hacia dentro de nuevo antes de coserla y cerrarla. Madre
e hijo no podían agarrar nada; estaban anestesiados.
Julie Armas, una enfermera de 27 años que ya había padecido
dos embarazos malogrados, había empezado a sentir fuertes calambres
durante la decimocuarta semana de gestación.
Una ecografía confirmó lo peor: graves deformaciones
encefálicas y en la espina dorsal del feto, una malformación
congénita que aparece a las cuatro semanas de la concepción,
mientras se está formando la columna vertebral. La médula
queda descolgada de ésta por causas que, aún hoy, son
desconocidas.
Sólo en los Estados Unidos, once casos se producen a diario.
Y todas las alternativas son malas: el aborto
terapéutico o el alumbramiento de un niño que arrastrará
discapacidades durante toda su vida (descontrol de las esfínteres,
parálisis parcial o total, daños cerebrales, etc).
Descartada la primera opción por sus profundas convicciones
católicas, Julie y su marido Alex de 28 años aceptaron
el riesgo mortal de este tipo de cirugía prenatal, para la
que fue necesario diseñar instrumental especial con que lograr
suturas más finas que un cabello humano.
El niño (en la instantanea), que hace el número 54 de
los beneficiados por esta técnica, nació prematuramente
con 36 semanas el 2 de diciembre. Tenía 52 centímetros
y apenas 3 kilos de peso. Las expectativas eran buenas aunque posteriormente
precisaría de fisioterapia para la recuperación funcional
de sus diminutas piernas. |
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