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En la mañana del
25 de septiembre de 1978, el vuelo 182 de las Líneas Aéreas
Pacific Southwest, un Boeing 727 con 128 pasajeros a bordo y una tripulación
de 7 personas, iniciaba su descenso de aproximación para aterrizar
en el aeropuerto Lindbergh de San Diego. El corto viaje desde Los
Angeles había sido tranquilo y con buena visibilidad. A menos
de mil metros de altitud una avioneta Cessna, cuya presencia no había
sido advertida por los pilotos, colisionó contra el ala derecha
del Boeing. Mientras la pequeña aeronave se desintegró
por la explosión y sus restos quedaron esparcidos en el lugar
del impacto, el 727 quedó sin control y se precipitó
perdiendo combustible y con el ala ardiendo sobre una zona residencial.
Además de todos los tripulantes, perecieron 7 habitantes del
área devastada.
Las posteriores investigaciones concluyeron como causa de la catástrofe
un error de los pilotos, unido a un fallo de la torre de control. |
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