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Este joven viajó
a través del desierto del Sahara hasta Etiopía. Al regresar
a Canadá le acompañaba una pequeña erupción
cutánea en el brazo, indolora, de apenas 1 cm, a la que no
concedió mayor importancia. En los 4 meses siguientes la lesión
fue aumentando gradualmente hasta alcanzar los 20 cm de diámetro.
Seguía sin dolerle ni había experimentado fiebre alguna
durante todo ese tiempo. Las biopsias revelaron que se trataba de
una úlcera de Buruli, también conocida como la lepra
del siglo XXI.
Esta temible enfermedad tropical de reciente aparición debe
su nombre a la región de Uganda en que se detectaron casos
por primera vez, en 1958. Es de origen micobacteriano y se desconoce
casi todo sobre su naturaleza. Al parecer se transmite por el agua,
afecta sobretodo a los niños menores de 15 años, y consiste
en una minúscula lesión inicial (similar a la picadura
de un insecto) que se desarrolla lentamente devorando los tejidos
del afectado hasta llegar al hueso, dejarlo al descubierto y terminar
por destruirlo también. No
responde a los antibióticos. La única forma de combatirlo
consiste en la extirpación quirúrgica
y el transplante de piel en las fases
iniciales, antes de que provoque amputaciones
y, finalmente, la muerte. |
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