Durante
la Guerra de Iraq y el posterior derrocamiento de Saddam
Hussein, un soldado de la coalición fue enviando fotografías
del conflicto a un amigo suyo en los Estados Unidos. Las tomaba
con su cámara personal, para mostrar todo cuanto veía,
a medida que se iba internando junto a las tropas en territorio
enemigo. Esas instantáneas, diferentes de las publicadas
en prensa, ofrecen otra clase de visión testimonial. Y componen
la crónica de un viaje, por paisajes exoticos, hacia el Horror
y la Muerte narrada desde la mirada de un combatiente.
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