Procedente
de la voz persa mum (cera), la palabra "momia"
se aplica a aquellos cadáveres que, de manera natural o por
preparación artificial, se han desecado con el transcurso
del tiempo sin entrar en putrefacción.
La villa italiana de Palermo, Sicilia, acoge uno de los recorridos
más espeluznantes que puedan realizarse: un museo
con 8.000 esqueletos y cuerpos momificados sepultados entre los
años 1599 y 1880. En el siglo XVI, con motivo del entierro
de un monje con fama de santo que fue depositado allí para
ser rezado y visitado (el hermano Silvestro de Gubio), los monjes
capuchinos descubrieron casualmente las excepcionales condiciones
climáticas de frio y sequedad existententes en los sótanos
de su monasterio, propicias para la momificación natural.
A partir de entonces, fue convirtiéndose en una tradición
local el ser enterrado allí. Algunos incluso dejaban en su
testamento detalladas instrucciones sobre los ropajes con que querían
ser amortajados. Para su embalsamamiento se utilizaron diferentes
técnicas.
Las momias están clasificadas en hileras: hombres, mujeres,
niños, vírgenes, monjes y profesionales (jueces militares,
profesores, etc.).
Un decreto del Vaticano de fecha 1637, concedió permiso a
los capuchinos para enterrar en sus cementerios a extraños
de la Orden. Con lo que se satisfacía el deseo de muchos
particulares, deseosos de que sus restos reposaran en las iglesias
y junto a las reliquias de los santos.
Por ese motivo, los monjes comenzaron las labores de excavación
y ampliación de las catacumbas bajo el altar mayor.
Además de las excelentes condiciones del lugar, con una sequedad
idónea y corrientes de aire favorecedoras de la conservación
de la carne, los capuchinos perfeccionaron también diferentes
técnicas de embalsamamiento durante años de práctica.
Algunos cuerpos eran colocados en un baño de cal o arsénico
(se había observado cómo los envenenados por este
último compuesto permanecían curiosamente incorruptibles).
En otros casos, se aplicaban fármacos secretos e inyecciones.
Aunque la técnica más común fue la de deshidratar
los cadáveres durante ocho meses a lo largo de los pasillos,
en pequeñas celdas llamadas “coladores”, para
ser después sacados y lavados con vinagre antes de su exposición
definitiva.
El museo es de propiedad eclesiástica, y puede visitarse
diariamente 9'00 a 12'00 y de 13'00 a 17'00 horas.
|