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| OBESIDAD
MORBIDA |
| Reconocida
como una enfermedad crónica según la Organización
Mundial de la Salud, la obesidad (del latín obesitas,
“excesiva corpulencia”) se da cuando el Indice de Masa
Corporal es superior a 25, entendiendo como IMC el peso de la persona
(en kilogramos) dividido por el cuadrado de su estatura (en metros). |
La
Obesidad de Grado IV, o Mórbida (aunque en el Consensus Development
Panel de los National Institutes of Health, 1992, se prefirió
el término "Obesidad Severa" por considerarlo menos
redundante y peyorativo), es la correspondiente a un Indice de Masa
Corporal igual o superior a 40; o, lo que es lo mismo, que excede
entre un 50 y 100% (en más de 45 kg) el peso ideal de un sujeto.
Dentro de esta categoría, con posterioridad se ha querido incluir
otra: la Súper Obesidad para designar un IMC mayor que 50;
es decir, un peso corporal más de 225% por encima del peso
ideal.
Lejos de la mera apariencia estética, el sobrepeso puede acarrear
gravísimos problemas de salud, como diabetes, hipertensión,
hipercolesterolemia, cálculos biliares, embolia pulmonar, amenorrea,
infertilidad, hipertrigliceridemia, afecciones dermatológicas
y apoplejía; insuficiencias cardiacas por la sobrecarga a que
se ve sometido el corazón, trastornos circulatorios tales como
varices, trombosis venosa profunda y linfangitis; problemas articulares
severos u osteoartritis por aumento de la carga en extremidades y
columna vertebral (donde pueden provocarse hernias discales). El nivel
de saturación de oxígeno en la sangre disminuye (hipoxemia),
y conlleva un incremento de la tensión pulmonar y paros respiratorios
periódicos mientras se duerme (apnea del sueño), que
durante el día ocasionan adormecimiento en el obeso y le incapacitan
para ocupaciones que requieran atención, como conducir, manejar
maquinaria pesada, etc. |
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Estadísticamente, también aumenta la incidencia de cáncer:
el de endometrio (5,4 veces), vesícula (3,6) y mama
(1,5) en mujeres; y el de colon y recto (1,7 veces), así como
el de próstata (1,3) en los varones.
Por todo ello, la mortalidad es varias
veces superior que en quienes conservan una talla normal.
A nivel social, además, el rechazo es creciente hacia este
tipo de personas, que pueden desarrollar graves problemas psicológicos
y desembocar en la depresión.
Excepto en el caso de los afectados por un mal funcionamiento tiroideo,
las causas de la obesidad cabe buscarlas en la mala alimentación
-con un consumo excesivo de calorías-, y en la deficiencia
o ausencia total de ejercicio físico. Hoy, esta enfermedad
ha desplazado a otras en el orden de preocupación dentro de
las sociedades industrializadas. Y continuamente se están ensayando
técnicas quirúrgicas
para poder combatirla cuando fracasan estrepitosamente los sistemas
tradicionales. |
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